jueves, 12 de julio de 2007

Caminando hacia Itaca.


Todos andamos asi, en alguna dirección que en algún momento , mas o menos conscientes, decidimos o encontramos.

Aparentemente por propia voluntad, aparentemente.

Pero un dia te despiertas y sientes que no eres tu quien rige los vientos, no eres tu quien mueve las aguas empujandote ora a la derecha , ora a la izquierda ...

Arrieritos somos, dice el refran , y en el camino nos encontraremos ... si, pero yo estoy luchando por hacer de mi camino , realmente MI camino .... y para ello tenso emociones , levo anclas que me impiden avanzar y sobre todo , sobre todo ... lucho por recordar , que un dia , hace mucho , partí de Itaca y dejé alli a mi amada , que en algun lugar , sueña que me sueña y es que ella tambien hace tiempo olvidó.

Y en esto estamos, despertando, abriendo el corazon, dia a dia ... camino a Itaca.

3 comentarios:

Ana Cristina dijo...

Hacia Itaca, donde el sol brilla sin encandelillar,
donde el mar huele a infinito,
donde la luna no tiene noche
donde todos los caminos, llevan la misma prisa

susana dijo...

Hola de nuevo, Pedro.
A ver cómo te digo...
En la presentación de tu página dices:
"No hay casualidades. Si has llegado aqui será por algo. Y es que en algún tramo del camino a Itaca, nos habíamos de encontrar"
¿Cómo no iba a estar de acuerdo contigo? El nombre de tu página fue más que suficiente para que me acercara... como atraída por las sirenas.
Y es que, no hace mucho, yo también reflexioné y plasmé mis pensamientos inspirándome en Homero.
Me da un poco de vergüenza, porque no creo que sepa escribir. ¡Me queda tanto por aprender... en todos los sentidos!! Pero me gustaría compartir esa reflexión contigo, para que veas la similitud,o la casualidad, o la causalidad... o la sincronicidad (fue escrita más o menos por las mismas fechas en que lo publicaste aquí, cuando aún no sabía de la existencia de este blog)...

Susana

susana dijo...

Otro viaje hacia Ítaca.

Hace poco creí encontrarme con Ulises …

Se veía con tanta ilusión por emprender su viaje, que no quise hacer otra cosa que apoyarle y animarle … Por nada del mundo hubiera cortado sus hermosas alas.

Y, como Penélope, me quedé esperando desde el respeto y la admiración. Detenido el tiempo, trenzando hilos de amor, ilusiones, esperanza ...

Algunas noches, cuando el canto de las sirenas traía noticias suyas, el entramado resultaba hermoso, lleno de colorido.

Pero otras, aquéllas otras carentes de luz de luna, sólo conseguía encontrar hilos del color del miedo ... En todas sus tonalidades y texturas … pero sólo miedo. Cuando veía mi obra a la luz del día comprobaba que aquello no era lo que quería … y vuelta a destejer.

La verdad, avanzaba poco … Y lo peor, ya sólo era capaz de pensar en cómo podría conseguir las mejores mezclas. Desatendí todo lo demás … me desatendí a mí misma obsesionada con el desarrollo del tejido.

Y así pasaron los días … y las noches.

_ “Mal … muy mal” _ me decía a mí misma, sin darme cuenta de que ésta que ahora habla, y que creyó ser Penélope, soporta mal la espera … y la incertidumbre.

Me ha llevado tiempo … y muchos metros de hilo, pero así fue como descubrí que también yo tengo un poco, o un mucho, de Ulises y, como él, necesito emprender con urgencia mi camino …

Penélises

Por cierto, a Ulises no le gustó nada el tapiz y salió huyendo horrorizado … ¿O no era él?